Bienvenido a tu diván

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Bienvenido a tu diván

En serio… ¿Cómo estás? Piénsalo un momento, respira… y sé bienvenido. Aquí puedes ser tú mismo, ponte cómodo, puedes descalzarte, recostarte, e incluso quedarte dormido en mi diván. Y mientras lo haces, voy a contarte la razón de este blog.

Verás, siendo yo psicóloga “congénita”, y excursionista en cuerpo y alma de los recodos del cerebro y las emociones, lo que deseo es compartir contigo mi pasión por el mundo de la psicología, explorarlo desde el respeto y la curiosidad, descifrando durante este viaje, parte de la fisionomía y la naturaleza de la mente, sus mecanismos, sus secretos…sus porqués. A veces seré escéptica como un científico, y otras usaré mi intuición para crear hipótesis y una perspectiva, que quizá sea menos rigurosa, pero igualmente didáctica.

Mi intención es darte información curiosa o práctica, que despierte tu interés o tu reflexión, y que pueda ser útil en la cotidianidad de tu vida y de tus relaciones. Pero mi cometido no es darte mas “mandamientos” , ni “claves” para ser feliz, entre otras cosas porque sospecho que ya habrás leído suficientes de esas pautas, máxime en este tiempo tan fecundo de psicología positiva y de manuales de autoayuda.

La intervención de la psicología positiva, (yo diría superlativa), ha ocupado como no podía ser de otra forma, un importante espacio ante la ausencia de referentes, y modelos eficientes de gestión emocional. Con ese sustrato, la psicología de bolsillo, ha arraigado fuertemente en nuestra sociedad, poniendo de moda los populares “tips”, “llaves”, y “trucos”, para ser feliz. Los 4, 5, 6, 10… ¡¡y hasta 50!!, “imprescindibles” consejos para estar, verse, y sentirse maravillosamente (y que todos lo vean).

El boom de la psicología positiva, se ha unido a nuestras raíces consumistas, calando hondo en la cultura popular.

Así podemos encontrar la felicidad ubicuamente en revistas, anuncios, en una profusión de mini cursos y manuales donde se proporcionan claves para casi todo: “claves para el éxito”, ”claves para el amor”, “claves para el sexo”, “claves para ser millonario”, “claves para ser líder”, “claves para motivarse” “claves para ser feliz”… en fin…Una enciclopedia de claves para lograr la perfección, instantánea, efervescente, lista para consumir.

Toda esta “fast information”, se busca y se traga con avidez y credulidad. Creemos que podemos ser felices a golpe de minicápsulas de información. Porque tenemos prisa por ser felices, y nos hemos empeñado en pasar de puntillas por todo lo que no nos resulta gratificante. Tenemos un umbral mínimo de tolerancia al sufrimiento, y no nos gusta aguantar el hambre, el deseo, el esfuerzo, el sacrificio, el miedo, la nostalgia, la frustración, la tristeza, el desconcierto…

Queremos ser felices, y lo queremos ya, ¿para qué esperar?

 

Pero todo tiene su curso y requiere de un tiempo y dedicación, y el aprendizaje en la gestión emocional, no es menos.

Saber que tenemos un determinado control sobre la propia vida resulta una preciosa enseñanza, porque aumenta nuestro optimismo y capacidad de lucha, al tiempo que nos hace más fuertes, y con mayor capacidad de resiliencia.

Sin embargo, aunque la orientación hacia los objetivos es importante, es aún más importante entrenarse en aceptar nuestro presente, y aquello que no nos es posible cambiar. Incluso amarlo y disfrutarlo, como una parte más del recorrido vital.

¿Te gustaría ser perfecto? Lo siento, no puedes. Eres real

No importa lo realistas que seamos, porque casi todos alguna vez hemos tenido un anhelo profundo de perfección.

El deseo de mejora no es negativo per se, lo que es problemático es que ese deseo nunca se satisfaga. Y que siempre, por buenos resultados que obtengamos, no nos permitamos ser felices en pos de mantener o mejorar nuestros éxitos. Pues bien, la realidad es que no podremos mantener siempre el éxito, (porque eso sería la perfección, y ni si quiera estirando nuestro mítico 10% de capacidades aprovechadas, lo conseguiremos).

Lo cierto es, que no somos súperhérores, ni tenemos porqué serlo.

He ahí la grandeza: A veces seremos algo torpes, a a veces seremos algo genios… pero siempre reales, y siempre imperfectos. Y así es afortunadamente, porque la imperfección misma es la que nos permite evolucionar.

Despertar al presente aceptando la imperfección

Considero éste un buen momento para seguir avanzando por la psicología del bienestar, pero con algunos ajustes.

Podríamos marcar un punto de inflexión en el que abrir la conciencia a la ocurrencia objetiva, íntegra, real, de la vida. Valoremos de manera realista si es saludable esforzarse hasta el extremo en ser felices; o si por el contrario, es momento de otorgar protagonismo a la singularidad, a la imperfección, las rarezas, atrevernos a ser diferentes y defender nuestra autenticidad. Incluso por encima de la deseabilidad social y de la moda selfie.

 

Por supuesto, lo que apetece es ser feliz a todas horas, (y repito, parecerlo), pero ya sabes en tu fuero interno, que esa felicidad perenne, no existe.

Además tampoco es saludable intentarla, y aún menos simularla.

Hemos de saber estar aquí y ahora, aunque no sea nuestro mejor momento. Es justo ahí, en ese preciso instante, donde me interesa acompañarte, justo en el segundo en el que has pensado “todavía tengo que conseguir muchas cosas para poder sentirme bien”. Me interesa capturarte en ese segundo tan repetido en tus pensamientos, tan repetido…que después de años has acabado creyéndotelo.

Pues verás, en este blog me gustaría mostrarte que, incluso en mitad del dolor, tu VIDA puede ser mayúscula, inmensa, prodigiosa…

Quiero decirte desde ya que no necesitas perseguir desesperadamente la felicidad, y aún menos necesitas perder el aliento y la calma, para conseguirla.

¿Te suena raro? Pues aunque suene raro, así es como sucede con demasiada frecuencia: la búsqueda intensiva de felicidad, trae consigo infelicidad.

Un arma de doble filo

Hemos aprendido que el autocuidado y la autoestima están relacionadas, y que nos conduce a una mejor calidad de vida, porque ello nos impulsa con más rapidez y eficacia hacia nuestros propósitos;

El problema es que hemos adoptado rutinas de autocuidado excesivas, y se han convertido en una disciplina que roza el disparate, tratando SIEMPRE un estado de salud óptimo, una imagen impecable, disfrutar mucho, ¡disfrutar todos los días!, inyecciones de salud regulares: en el gimnasio, en el trabajo, en la mesa… También, cuidar la parte social, y la intelectual: tener buenos amigos, buen sexo, cultura callejera, cultura académica, buen trabajo, inteligencia emocional, talento para los negocios, al menos un segundo idioma…

Pero lo más hilarante viene después, cuando intentando tener todo estas cosas, nos quejamos de no tener más tiempo para otras cosas menos “urgentes”, como dar paseos, viajar, dedicar tiempo a la pareja, a los hijos, a los padres , cultivar el ocio, o sencillamente, descansar…Un ejemplo de esto que trato de explicarte, es el sentimiento de fracaso que habitualmente se tiene por no haber ido al gimnasio, pesar algo más de lo “permitido”, ganar menos de lo “deseable”, suspender algún examen, etc.

Sin embargo, como seguro ya has oído otras veces, la felicidad, (a la que yo prefiero llamar “plenitud”), tiene poco que ver con la perfección, o con la propiedad, o con las capacidades físicas o intelectuales. Más bien, esta relacionada con una visión interna, una escucha atenta a la vida, una curiosidad por situarse en el momento presente con comprensión y gentileza…

Rumbo a la realidad

Mi propósito entonces, es que valores tu singularidad, tu idiosincrasia, tu potencial único de crecimiento; estés en el momento que estés, o sean cuales sean tus conflictos.

Desde este preciso instante, y aquí mismo, mientras me estas leyendo, podrías emprender tus pasos hacia una plenitud enteramente diseñada por ti.

No quiero decirte que tienes la felicidad aguardando en algún lugar escondido de tu armario, lo que digo es que YA eres un ser completo y grandioso, que además eres libre, y que por tanto puedes dirigirte hacia donde desees con la seguridad de que tienes todo el equipaje que vas a precisar para tu viaje.

“Descubrir el camino”, esa expresión tan simple y tan sesuda… que no ocupa ni un renglón, y aún así ocupa toda una vida…

En ese descubrimiento personal, te ayudaré a analizar tus miedos sin miedo , y tu dolor sin dolor, como una hoja de ruta que seguir para conocerte y lograr el ansiado equilibrio, desactivando los bloqueos que te impidan seguir creciendo.

Y si además eres ambicioso, haremos que tu viaje coincida con tu destino, y que tu punto de salida y tu recorrido sea aún más importantes que tu punto de llegada.
Yo de hecho, parto ahora mismo rumbo a ese descubrimiento diario. ¿Me acompañas?